En
Enero 1999, conocí a un hombre que se llama Arturo. El tenía
entonces 40 años y habia sido ciego porlos últimos 7 años,
durmiendo en las calles.
Desde que era ciego, Arturo había encontrado en sucamino todos
los aspectos malos de la naturalezahumana , pues había sido víctima
de robo, abuso físico,insultos y burlas. Sin embargo lo más
extraordinario eraque él perdonaba a toda áquella gente,
teniendolescompasión y comprensión. El tenía una
gran paz interiorque reflejaba en sus acciones y su voz, en su prescencia
tenia la impresión de estar con Dios en persona.Por mi lado en
esa época yo lo tenia todo pero siempre quería más.
Tenía momentos de gran alegría,combinados congrandes angustias.
Ya era entonces amigo de Arturo y lo irónico era que yo tenia
todo y élnada y que sin embargo yo envidiaba su estado mental.Através
de nuestra amistad, una gran transformación ocurrió en
mi, y me di cuenta que la vida ya no me debía nada , pero que
yo si debía mucho.A partir de esa reflexión, tomé
en enero de 2001, la gran decisión de dedicar el resto de mi
vida a ayudar a la gente. Asi mismo creé mi propia Asociación
que nombre en honor de mi gran amigo. Hoy tengo menos ertenencias materiales,
pero me siento muy rico porque estoy totalmente en paz conmigo mismo
y que fisicamente, es como si tuviera 15 años de nuevo. Me hubiera
encantado que mi amigo Arturo se quedara en Puerto Vallarta, pero él
me dijo que yo ya no lo necesitaba a él y que su misión
era irse a otro lugar para llevar el mensaje de Dios.